Maratón de Madrid

El pasado 27 de abril tenía lugar la maratón de Madrid, una de las carreras más emblemáticas y atractivas de nuestra ciudad. Y entre tantos miles de corredores, cómo no, había presencia de #Nosotras tanto en la Media como en la distancia reina, la Maratón.

Charo y Rosa nos cuentan su experiencia en la carrera.

Crónica de una maratón entrenada (Charo)

Suena el despertador. En la calle el sol empieza a despertarse. Hoy no habrá nubes que le impidan lucir todo el día. Soñé que se me olvidaba el dorsal en casa y me daba cuenta cuando empezaba la carrera; así que según termino de vestirme, me pongo el dorsal. No estoy nerviosa. Por ahora…

Vemos gente con la camiseta de la carrera por las calles de Madrid. El tren del metro está repleto de gente igualmente uniformada. Al llegar a la estación, el tren se vacía y cuesta andar por el andén. Buen ambiente.

En la calle nos juntamos con Rosa y Yolanda. Están nerviosas y expectantes. Es genial. La calle llena de corredores calentando, charlando o escuchando música. Al cabo de un rato, nos colocamos en nuestro cajón de salida. Cerca tenemos los globos de 4:00, los de 4:15 y los de 4:30. No me creo que después del tiempo entrenado ya sea el momento; estamos rodeadas de un montón de corredores y la adrenalina se me dispara: ¡ahora sí que mi pulso se acelera!

Pasamos por el arco de salida y activo el reloj que me informará sobre tiempo y distancia. Me doy cuenta casi al momento que nos hemos equivocado de cajón. Partimos demasiado atrás y toca adelantar corredores. Primer objetivo: no caerme. Difícil tarea debido a la cantidad de gente que me rodea.

Mi pulso baja. Ahora que ya he empezado estoy más tranquila. Disfruto del ambiente, la gente animando, los corredores hablando, se oyen algunas bromas… Llevo la mirada alta y las piernas ligeras. Me controlo mentalmente para no acelerarme ya que me encuentro demasiado bien, pero queda todo por correr.

La gente en los laterales nos anima. Muchos con el móvil en la mano nos graban. Se ven fotógrafos de vez en cuando dirigiendo sus objetivos hacia nosotros. Llegamos casi sin enterarnos hasta Plaza de Castilla. Los peatones que quieren cruzar la marea humana lo tienen difícil: algunos cruzan corriendo, otros se paran en medio; pero todos están a punto de recibir el impacto de alguno de nosotros. Ya han pasado 5km.

El giro de 180o se complica porque somos demasiados. Mi segundo objetivo, no pararme, se ve dificultado. Durante unos segundos, todos van andando y algunos se empujan. Aun así, troto casi en mi sitio avanzando poco a poco.

Giramos para Bravo Murillo y milagrosamente reconozco entre el público a un miembro del club Nosotras. Nos saludamos efusivamente. ¡Qué divertido!

Ahora toca cuesta abajo y me dejo ir. Me separo de Rosa porque necesito llevar mi ritmo y voy más rápida que ella en las bajadas. Ella sube más rápido que yo. A la larga, una cosa compensará a la otra.

Han pasado ya 10km y sigo disfrutando del ambiente; con la mirada alta no me doy cuenta que hay un agujero en la calzada y me tuerzo un tobillo. La corredora de atrás suelta un pequeño grito al verme casi caer. No me duele, pero me pregunto si mi tobillo se resentirá en los próximos 32km…

Estoy deseando separarme de los corredores de la media maratón porque seguimos corriendo sin el espacio adecuado. En un giro a la derecha, una corredora a mi lado no consigue evitar unos conos del suelo y, con un sonido seco, acaba en el suelo. Pasados un par de kilómetros más, otro corredor que iba buscando espacio por la acera, también cae.

El ambiente sigue siendo sensacional. En cada puente o paso subterráneo, el público nos anima. De vez en cuando hay un grupo que toca música en directo. También hay batucadas. Algunos grupos de corredores van hablando y haciendo bromas. Me entretienen y me hacen reír. Los peatones siguen buscando un hueco entre los corredores para cruzar; pero no lo encuentran. Un peatón se aventura a cruzar corriendo y está a punto de chocar con el corredor de mi derecha.

Por fin nos separamos de los de la media maratón. Ya no tengo que estar pendiente de esquivar corredores. Mis piernas siguen ligeras. No me duele nada, pero no ocurre igual a mi alrededor. Las patinadoras que llevan réflex y vaselina, de vez en cuando, dirigen su spray a los gemelos o los tobillos de algún corredor que lo solicita.

Kilómetro 23 y empiezo a notar que mis piernas no son lo que eran. Delante del Palacio Real no hay cordón que separe a los turistas de los corredores. Hay un tipo alto cruzando despacio por la línea de carrera y mirando a través de su teléfono móvil para hacer una foto. Calculo pasarle por detrás. Cuando estoy a dos pasos de él, me mira, se sorprende e intenta corregir su trayectoria. Es tarde. Me preparo para el impacto que, milagrosamente, no ocurre. Con el mismo aire que había tomado para el impacto, le suelto un improperio liberador.

Estamos bajando a la Casa de Campo. Mi tercer objetivo, no tener calambres, por ahora está controlado: en cada avituallamiento me esfuerzo por tomar agua, bebida isotónica y plátano. A estas alturas ya no me apetece, pero me obligo a hacerlo. Empiezo a fijarme que cada vez hay más corredores en los laterales que están estirando sus calambres. Algunos, sentados en el suelo, nos ven pasar. Se les ve agotados. La mitad de los corredores van andando. Mis piernas pesan más.

El público sigue animando y algunos me animan por mi apellido. No recordaba que aparece impreso en el dorsal. De vez en cuando choco las manos de los niños que nos ven pasar. Algunos son realmente pequeños y me hace gracia la cara con la que nos miran. Sonrío.

Kilómetro 33 y aquí vienen mis refuerzos. Delante del Parque de Atracciones me están esperando mi hija y una amiga. Ellas están frescas y empiezan corriendo a un ritmo más rápido que el mío. Bajan el ritmo y se impregnan del ambiente.

Llegamos a la cuesta para salir de la Casa de Campo. Será la primera de unas pocas más. En este punto, la carrera cambia para mí completamente: la gran mayoría de los corredores van andando y tengo que esquivarlos. Ahora comprendo lo que es ‘el muro’. Decido subir la cuesta como subo montañas y así evitar añadirme al paso del resto. Dejo de mirar a mi alrededor, me concentro en mí misma y miro justo delante de mis pies. Lo necesito para conseguir mi objetivo de no andar y llegar trotando. Las piernas pesan. En cada paso noto que los músculos que tiran de ellas a la altura de mis caderas son los que están peor. El trapecio izquierdo, al lado de mi cuello, está empezando a bloquearse. Me cuesta girar la cabeza hacia los lados.

Relajo un poco los brazos y tomo aire. Me concentro en la respiración. No sé cuántos kilómetros me quedan y prefiero no saberlo. Pasamos por debajo de la puerta que indica ‘Salta el muro’. Eso me anima. A pesar de mi lento trote, sigo adelantado a corredores que van andando. Otros corren a ratos y a ratos andan.

Por primera vez, miro el reloj. Me indica que faltan 2km y pico. Lo digo en alto, pero el corredor de atrás me corrige y me indica que faltan 4km. Miro el punto kilométrico de la carrera y compruebo que, para mi desgracia, faltan 4km.

Decido que mi reloj no me cae bien.

Lo que queda equivale a diez vueltas en la pista de entrenamiento. Es poco. Las fuerzas escasean, aunque mentalmente estoy bien. Mi cuerpo dice párate; mi mente dice ‘da un paso más’ y después del dado, ‘da un paso más’… Por suerte, gana mi mente en cada paso: ahora estoy segura que llegaré a meta.

Último avituallamiento. Tomo el plátano, pero a estas alturas ya noto el estómago sucio y me apetece menos que nunca comer algo; aun así, me lo como.

No me he dado cuenta que he llegado a la última curva y veo la meta. Mi hija y mi amiga me dejan.

Las vallas laterales impiden que el público invada el espacio. Están animando y aplaudiendo a los que pasamos. Se me hace un nudo en la garganta cuando piso la alfombra roja; pero al levantar la vista y ver que hay una nube de fotógrafos que nos señalan con sus objetivos, me repongo, sonrío y saludo. No quiero salir con mala cara.

Cruzo la meta y me paro. Mi reloj indica más de 43km… ya no me cae tan mal: es posible que esquivar corredores y no poder ajustarme en las curvas haya sumado metros.

Llego a la conclusión que los tres primeros diezmiles se hacen porque puedes y el último, porque quieres. Es una experiencia de vida muy recomendable.

Al día siguiente no tendré agujetas, lo que me indicará que Lupe me ha preparado fenomenal.

Gracias.

Crónica del Maratón (Rosa)

Aunque he estado entrenando los últimos 4 meses me reservé hasta el último día para hacer la inscripción. Puede pasar de todo… De hecho una caída con la bici un mes antes casi me deja en la estacada.

El lunes me di un masaje de descarga con mi fisio lo cual me dejó mi cuerpo perfecto para correr. El día de la maratón me levanté temprano por la mañana para desayunar bien… Lo de siempre, no hay que probar nada nuevo ese día: fruta, café con leche, miel y galletas…. Los nervios que tenía se fueron al estómago y por más que me relaje vomité todo el desayuno. Más nervios aún… Puf que horror… y ahora se me rompe la pestaña del pulsómetro… Es lo que hay…. a correr.

Quedé con Charo y Yolanda, nervios, risas, fotos y al cajón de salida. Ambientazo!! Me tomé un dátil para evitar salir con el estómago vacío y en el primer avituallamiento me hidraté bien.

Había muchísima gente ya que habíamos salido junto a la media maratón, 6 kms de subida hasta las 4 torres que se me pasaron rapidísimo, esquivando continuamente gente sin poder coger buen ritmo. Desde ahí Charo y yo empezamos a respirar y coger sitio en la bajada de Bravo Murillo, vi que aumentaba el ritmo y le dije que yo seguiría a 6′ que aún quedaban muchos kms.

Fuimos cerca hasta que me rallé con el pulsómetro y en el siguiente avituallamiento paré a colocarlo… Seguía rallada, paré un par de veces porque me molestaba, al final me dije ‘o pasas del pulsómetro o te cargas la carrera.’..

Después de correr por varias calles del barrio de Salamanca a partir de ahí se desviaron los corredores de la media maratón y empezaba lo bueno… Muchos huecos. Cruzamos el puente de Jorge Juan y ahí entramos en un bucle sube y baja por Chamberí, San Bernardo y de ahí a Gran Vía subiendo hasta Callao. Según bajaba Preciados se me pusieron los pelos de punta de todo el público animando y haciendo pasillo, el paso por la Puerta del Sol es único… Bajamos Mayor hasta llegar a otro punto único, el Palacio de Oriente. En la bajada a Pza España me molesta la rodilla y no corría cómoda, aquí hemos venido a sufrir… Hay que acabar… Subida calle Ferraz se hace bola…

Después bajamos hacia Pintor Rosales y… He bebido tanto que no puedo aguantarme más… Qué fácil lo tienen los chicos… bajada Parque del Oeste. Miro y busco un árbol… Un coche… Una Tapia… Un arbusto y ahí me quedé tan a gusto!!!

En los avituallamientos comía plátanos y dátiles y mucha agua. Casi llegando a Príncipe Pío ya me empiezan a fallar las caderas, a partir de ahí pensaba que me acompañaría un amigo… No estaba.. bajada hacia Puente del Rey… Mis caderas qué horror…

Llegada a Casa de Campo y sigo sin encontrar a nadie que me acompañe… Me vengo un poco abajo, paro, qué horror, quedan 12kms!! Y de repente escucho «vamos Rosa»!! mi compañera del Tsf, Sofía… me dije no me puede ver parada… Para mí verla fue un regalazo enorme que me dio suficientes fuerzas para decirme «has venido a acabar.’ Miré mi reloj, 6’30», pues no voy tan mal… Vi que podía seguir así sufriendo un poco…

Otro avituallamiento.. más plátanos, mucha gente parada recibiendo asistencia, ambulancias… daban ganas de parar… Llegamos a la Glorieta de Embajadores… De lejos se ve Atocha… Me empiezo a emocionar… faltan 2kms.

Me digo ‘me sacarán alguna foto haciendo pucheros’… Qué largo se hizo hasta llegar a Atocha…. Desde ahí a meta se veía muy cerca. 400 mtr. se hicieron eternos, pero fueron tantas las sensaciones de felicidad…

Aún no me creo haber acabado la maratón de Madrid, un sueño. Siempre la veía como espectadora o acompañando a algún amigo. De las pruebas más duras que hecho. Más que la Transvulcania… Más que cualquier travesía de aguas abiertas. Me siento enérgica! O como yo digo, eléctrica!

Muy feliz, gracias a tod@s mis compañeras del club #Nosotras y Lupe nuestra entrenadora, han sido 4 meses duros pero con muy buena compañía y sensaciones. En las tiradas largas con Charo lo hemos pasado grande!!

Pensando en un próximo reto….

Un comentario sobre “Maratón de Madrid

  1. ¡Qué emocionante, chicas.!! Sois unas cracks, leyendo vuestras crónicas, me he emocionado, he sufrido, me he cabreado con el peatón inoportuno y el pulsómetro que se estropea en el último minuto…y ¡me he alegrado tanto de llegar a la meta con vosotras!! Gracias por compartir vuestra experiencia ¡A por el próximo reto!

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