Maratón de Valencia, por Josal

Quién me iba a decir que detrás de ese regalo «envenenado» de mi queridísima esposa aquel 13 de mayo iba a estar una de las experiencias deportivas mas fuertes que jamás había vivido, pero así fue. Aquel día empezó todo. Lo primero era prepararlo lo mejor posible para hacer un papel digno y disfrutarlo, y para eso no podría estar en mejores manos que en las de Lupe. Gracias a las dos por hacer posible que viviera lo que os voy a contar lo mejor posible.
Después del viaje del viernes, y de recoger el dorsal y la bolsa del corredor el sábado, impresionante la feria en la Cuidad de las Artes y las Ciencias, nos plantamos en el domingo, día de la carrera. Despertador a las 6 de la mañana y bajada a desayunar tempranito para no tener problemas. 
El primero de los problemas, cola para desayunar en el Hotel, A LAS 6 DE LA MAÑANA !!!!!!, os podéis imaginar que todos los que estábamos allí éramos chalaos que iban a correr a las 8 y media, así que esperar la cola y luego meternos un buen desayuno entre pecho y espalda. Virgi estuvo conmigo como una jabata a esa hora para desayunar conmigo y así apaciguar un poco mis nervios.
Después del desayuno parto hacia la salida de la maratón, el paseíto solo hasta el cajón de salida me vino de perlas para pensar en mis cosas y concentrarme solo un poco.
Una vez que estas en las inmediaciones de la salida todo empieza a acelerarse, gente calentando, megafonía a tope, fotos, risas, y ya dentro en tu cajón empiezas a oír como se van dando salida a los cajones rápidos, música, pálpitos de corazón, cuenta atrás, y por fin el temazo con el que se da la salida a cada uno de los cajones de la maratón de Valencia, LIBRE de Nino Bravo. Los pelos como escarpias. Por fin llega el turno de mi cajón y arrancamos, en las primeras zancadas oigo gritos de «Papiiiiii, Papiiiiii, miro….., y si, son ellos, ahí están los tres mosqueteros de mi familia dándome los primeros ánimos, subidón total !!!!!!, no los volvería a ver hasta el kilómetro 11, como habíamos planeado.
Ya metido en la carrera me propongo encontrar un ritmo cómodo que me permita llegar hasta el kilómetro 30 aproximadamente sin mucho desgaste, y lo encuentro, voy a ir a 5’40» mas o menos, decidido, voy muy cómodo. En el kilómetro 5 alcanzo a las liebre de 4’15», no se cansan de dar ánimos a todos diciendo que solo quedaban  35 kilómetros, que los dos últimos kilómetros no contaban. Y yo pensando «cuando llegue yo al 39 te voy a decir a ti si sobran o no, resalao», pero yo a lo mío, a mi ritmo, y a pasar kilómetros.
Pronto llega el 11, voy fenomenal, no noto nada, pienso que parece mentira que sea capaz de correr 11 kilómetros y estar tan fresco, veo otra vez a la family,, otra vez subidón total, hasta el 18 no volveremos a vernos, pero el ambiente es alucinante, gente por todos lados, fallas, batukadas, megafonía, de todo para hacer que los kilómetros no te pesen, y vaya si lo consiguen.
Sigo manteniendo mi ritmo constante solo variándolo en las zonas de avituallamiento, pero ya habría tiempo de cuadrarlo al final. Mientras sigo recibiendo ánimos de todo el mundo que esta viendo la carrera, llego al kilómetro 18, otro saludin a la familia, esta vez no nos veríamos hasta el 28, con sorpresa incluida. Llego al kilómetro 20, todo va estupendamente, media maratón, sigo con mi ritmo, no noto dolores, ni agotamiento, ni nada, voy muy bien. En el punto kilométrico de la media maratón la organización tiene montado un buen tinglao, música, megafonía, increíble, te dan fuerzas para seguir, sin ninguna duda. Toca meterse un gel entre pecho y espalda, tanto la bebida como los geles los voy tomando a rajatabla según lo planeado, y creo que es una de las mejores cosas que he podido hacer, aunque no tenga sed, bebo, aunque esté bien, gel y sales minerales.
Llego al kilómetro 28, por fin!!!!!!, allí me está esperando la familia otra vez, pero esta es diferente, porque Irenita se va a meter a correr conmigo, hasta el kilómetro 35 nada menos, y allí esta, preparada, totalmente equipada, y sale corriendo y se pone a mi vera, «que tal, papi??, vas muy bien, te veo muy bien». Que momento ese .Corremos juntos por todo el centro de Valencia, lleno de edificios monumentales y con gente animando desde todos los lados, hasta desde los balcones. Y llega el kilómetro 31, y allí hay otro tipo que me está esperando, ya me lo habían dicho, EL TÍO DEL MAZO. Pero no me pilla demasiado, una sensación rara, no te duele nada, de pulsaciones voy perfecto, pero en las piernas notas como si hubieses pisado un chicle de 5 kilos con cada pie, pero no importa, porque sé que voy bien y además porque voy con Irene, que está aguantando como una gigante. Pronto llega el 35 y me despido de ella hasta la llegada, me quedan 7 kilómetros para dar todo lo que tenga dentro, y a por ello voy.
Y llega el kilómetro 38, la zona empieza a estar vallada, la gente se agolpa a ambos lados de las calles, gente en los balcones, en las terrazas de los edificios, en los puentes, gente absolutamente por todos los sitios animando, ves miles de manitas pequeñas que se asoman entre las vallas para que les choques los cinco mientras corres, y se me viene a la cabeza los que me dijo hace ya tres horas la liebre de las 4h15″….»los últimos dos kilómetros no cuentan»…., y ahora lo entiendo, no te cuesta nada correr, la gente te empuja, y ahí es cuando sabes que lo vas ha terminar pase lo que pase, pero es que aún queda lo mejor. Giro a la izquierda y entras en la zona de empedrado de la Ciudad de las Artes y las ciencias, gente animando por todos lados, arriba, abajo, a un lado y a otro, es una pasada, PERO ES QUE AUN QUEDA LO MEJOR!!!!!. Cartelón diciendo que solo quedan 700 metros, 500 metros, 200 metros, giro a la derecha y……..AHÍ ESTA!!!!!!!, la pasarela azul del maratón de Valencia. Y cuando la pisas sabes que el objetivo era este, llegar a pisar esta pasarela, porque es mágica, cada pisada te impulsa hacia arriba como si en lugar de correr saltaras, es como tener un muelle en los pies, gradas a los dos lados llenas de gente, toda la Ciudad de las Artes llena de gente animando, con esos edificios blancos majestuosos, ya esta hecho, y cuando me acerco a la meta solo puedo dar un grito como si me hubieran pisado un juanete, pero de felicidad, VAMOOOOOOOOOOOOOOS!!!!!!!, y cruzas la meta.
Cuando paro es cuando soy consciente del esfuerzo realizado, casi no sé andar, pero es lo mismo, me da igual, que me quiten lo bailao. Te emocionas, se te saltan las lagrimas, te acuerdas de mucha gente, y piensas….»a esta carrera tengo que volver con mas valientes….».
Así que…. se buscan valientes para 2020, quién se apunta????

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